Press enter to see results or esc to cancel.

Al Norte Filipino • Despertar en Sagada

Recién salido de la ducha llegué a la mitad de una conversa entre Xopau y Stefanie quienes me preguntaron si quería acompañarlas a comer un postre nocturno. Como no tenía ganas de dormir o estar solo, fuimos juntos a la Sagada Lemon Pie House.

Adivinen qué fuimos a comer.

El dulce de limón estuvo muy bueno, pero como no había nadie más en el lugar decidimos salir a explorar la calle en busca de otros sitios de interés. Finalmente dimos con una repostería llamada Sagada Brew, que a diferencia del lugar anterior sí hacía sus propios postres y tenía una selección más amplia.

Rápidamente nos auto-convencimos de que una segunda ronda de dulce era necesaria y en esta vuelta cada quién pidió algo diferente para que todos pudiésemos compartir. Al parecer nuestra simple misión de reconocimiento se había cambiado a la modalidad “tembladera de azúcar y cero sueño”.

Casualmente, nos encontramos al grupo de chicos de la Cueva Porno en el lugar. Nos sentamos en la mesa de al lado y de alguna forma Stef quedó metida entre ellos y terminó organizando un viaje en grupo para ver el amanecer desde el Punto Kiltepan en la madrugada.

Honestamente, estaba tan cansado en el momento que fácilmente podría haber rehusado la oferta, pero los chicos de la otra mesa eran un grupo divertido y todos me estaban alentando a unirme. Más tarde me informarían que la razón por la que me querían tanto es porque varios de los muchachos del grupo eran gays y uno de ellos me tenía el queso, lo cual nunca llegué a notar hasta que las chicas me pusieron al día en el hostal. Mi gaydar no sirve.

A la mañana siguiente despertamos alrededor de las 4 a.m. y nos encontramos con los chicos en su camioneta 4×4. Estaban viajando junto al guía que les indicaría cómo llegar, un pelao de 16 años que también resultó ser el proveedor de ganja local. De pronto estuve feliz de no haberme perdido el viaje.

Nos congelamos por un rato y el sol se tomó su tiempo para salir, pero al terminar puedo decir que fue tremendo amanecer, le doy 9/10, madrugaría de nuevo para hacerlo otra vez. ¡Miren esta vaina!

Al Norte Filipino • Al Despertar en Sagada

Después de dos días en las montañas, Stef estaba lista para avanzar y dijo que podía acompañarla si quería. Viendo que todavía no tenía ni la menor idea de qué hacer, accedí a seguirla, pero lastimosamente Xopau se despidió de nosotros porque debía regresar a Manila para trabajar el siguiente lunes.

De repente sentí que la goma que nos mantenía unidos se estaba disolviendo y me preocupé de seguir en un viaje con Stef en su modo Terminator. Por suerte, ese no fue el caso.

Tan pronto como Xopau se fue a su habitación, acordamos que arreglaríamos nuestras cosas y haríamos check out en el hostal. Stef ya tenía la mayor parte de sus cosas listas, así que salió a la Yoghurt House a desayunar. Viendo que las cosas se estaban poniendo tensas, decidí no acompañarla y en vez comprar varias cosas para comer en el camino de las diferentes tiendas en el pueblo.

Subí y bajé por la calle principal un par de veces, primero para conseguir dinero del único cajero automático y luego para ver qué podía comprar. Todo el tiempo sentí la mirada de Stef calcinándome desde el balcón de la Yoghurt House, como un halcón tratando de decidir si me mataría mientras duermo o me dejaría vivir.

Para mi sorpresa (y alivio) una vez que nos reencontramos en el hostal, la chica dijo que alguien nuevo estaría sumándosenos. Aparentemente, mientras comía en la Yoghurt House, Stef logró convencer a otra persona que también planeaba ir a Banaue de acompañarnos. Ahora debíamos estar listos para partir de inmediato porque nos encontraríamos con este nuevo viajero a las 11 a.m. cerca de la oficina postal.

Unos minutos más tarde, habíamos comenzado nuestra caminata cuesta arriba hacia la entrada del pueblo, cuando de un lado del camino aparece esta chica de cabello rubio platinado con una sonrisota y una mochilota y unos lentesotes que le cubrían todos los ojotes. Estoy parado allí como manso pendejo, pero lo único que pude hacer fue asentir con mi cabeza cuando la nena me dijo: “hola, soy Paulyne”, en su juguetón acento francés.

Este viaje estaba a punto de ponerse a otro nivel.


Pateando Calle es una columna de mis aventuras mochileando como loco por el mundo, documentando como sobrevivo con poco dinero y cero idea de lo que estoy haciendo. Para más aventuras, mira el archivo.