Al Norte Filipino • Vida y Muerte en Batad

Al Norte Filipino • Vida y Muerte en Batad

Me levanté super temprano esa mañana y me fui a trabajar con mi laptop al balcón del restaurante, con la magnifica vista del valle debajo. Pauline llegó luego y comenzó a preguntarme sobre mi trabajo y de cómo comencé a viajar.

Pauline estaba viajando de lo lindo por el mundo y me pareció que, al igual que yo, estaba buscando algo. Lastimosamente no tuvimos tiempo de hablar sobre qué era ese “algo”, ya que debíamos prepararnos para el viaje. 

Unas horas después, los tres estábamos bañados y sentados en el pequeño bus que nos llevaría al punto de partida en el valle.

En el momento pensé que estaba preparado. Sinceramente pensé que sería una caminata similar a la de Bomod-Ok, unos días atrás. No podía haber estado más equivocado.

Llegamos al punto de partida y nuestro guía dijo que la caminata estaría dividida en tres partes. La primera parte nos llevó cuesta abajo en las típicas escalinatas que ya conocíamos, directo al corazón del valle hasta que llegamos a una aldea con un restaurante para descansar.

Al Estilo Ifugao

El restaurante también estaba junto a una exhibición interesante: una serie de cabañas Igorot. Tradicionalmente, la Gente de la Montaña vivía en cabañas hechas de madera y hojas de palma. Adentro tenían un lugar para dormir y un techo que decorarían usando las calaveras de monos, cerdos y otros animales que cazaban para comer.

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Las cabañas estaban sostenidas sobre el suelo por cuatro pilares en cada esquina y debajo de las mismas usualmente hacían el fogón para cocinar. Para subir a la cabaña tenían escaleras que a la vez servían como gavetas que podían apilarse para evitar que extraños subieran en la noche.

Nuestro guía nos explicó que los Igorot le ponen mucho énfasis a la educación y ayudan desde temprano a que sus jóvenes entiendan el rol que llevan en la familia y la tribu.

De alguna forma, durante la explicación esto sucedió y no tengo la menor idea de cómo explicarlo.

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En la foto estoy usando un wanno, que es una ropa tradicional de los hombres en Ifugao, diferente de los tapis que son las faldas que usan las mujeres.

¿Qué Rayos es ‘Moma’?

Supimos que estábamos cerca de los arrozales cuando dejamos de ver tantos letreros de “no escupir el moma” y bueno… comenzamos a ver más manchas rojas a los lados de las escaleras. Gracias a la presentación del día anterior, ahora sabíamos porqué el moma era algo tan importante en Banaue. Cómo dice Wikipedia:

…’moma’ (mezcla de varias hierbas, polvo de caparazón de caracol y nuez de areca/arecolina: actúa como una goma de mascar para los Ifugaos).

Para nosotros, moma era una simple mezcla que te metes en la boca y hace que tus dientes se manchen de rojo. No se trata de sangre, sino del color de la mezcla que los hombres mastican y luego escupen mientras trabajan en los campos. Sirve dos propósitos, primero como una forma de pasar el tiempo en las largas horas del día y luego como un agente anestésico que desensibiliza el cuerpo a las picadas de mosquito, de las cuales te van a caer por docena simplemente por estar parado todo el día en un arrozal compuesto mayormente por charcos de agua.

Básicamente, el moma no evitará que los mosquitos te agarren de alfiletero, pero al menos no sentirás la picazón hasta más tarde y podrás trabajar y ganarte la vida en paz.

Puedes comprar un “kit de moma” con todas las cosas que necesitas en varias de las tiendas en el camino a los arrozales, y aunque estuve muy tentando a hacerlo, no tenía dinero para gastar en aquel momento.

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Batad: La Meca del Arroz

Continuamos caminando cuesta abajo, viendo el entorno cambiar y las montañas crecer a nuestro alrededor hasta que finalmente encontramos lo que estaba quieto: un arrozal tan grande que su producto sólo es cosechado dos veces al año dependiendo del clima y que tenía docenas de hombres trabajándolo hasta donde llegaba la vista.

La escena se hizo más hermosa conforme mis ojos comenzaban a notar más detalles en la pintura: los búfalos acuáticos, la vegetación y los tubos de PVC bajando desde la montaña, los cuales goteaban agua desde un elaborado sistema pluvial que los locales habían ideado para irrigar los campos muchas décadas atrás.

Hay una aldea estacionada justo en el centro de las terrazas y tienes que atravesarla para llegar al siguiente punto alto de la caminata. Esta era la segunda parte del viaje en donde nuestro guía nos explicó algunas de las ideas básicas detrás de la forma en que manejan el arroz en Banaue, que constituye una cultura importante en todo Ifugao.

Hay que entender: la gente en Las Filipinas come arroz. Mucho arroz. De donde yo vengo, el arroz es visto más que nada como algo que se almuerza o cena, pero en Las Filipinas, se come a toda hora, donde sea. Lo puedes desayunar con huevo o pescado, entre comidas sin acompañar, y en algunas cadenas locales de comida rápida incluso tienen especiales de todo-el-arroz-que-puedas-comer todo el día, donde hay gente con baldes llenos de arroz caminando entre los comensales, que te rellenarán el plato con una o dos cucharadas si se los pides, aún cuando ya hayas terminado con el resto de tu comida.

En ese sentido, la región de Ifugao y específicamente Banaue, es como la meca del arroz, donde tradiciones y culturas han crecido alrededor de la cosecha de este grano, y su posesión determina cosas como el estatus social y la riqueza.

Las Cataratas de Tappiyah

Más allá de los arrozales, mi cuerpo estaba comenzando a sentir el cansancio de caminar en lo que rápidamente se estaba convirtiendo en una escalada de 10 kilómetros subiendo y bajando escaleras en el valle.

A diferencia de Bomod-Ok (y perdonen que siga comparando las dos, pero realmente no tengo otra referencia que darles ahora mismo), el clima estuvo bastante fresco a lo largo del viaje, lo cual hizo que el alivio de llegar a la parte final del viaje, las Cataratas de Tappiyah, no fuera tan grato porque la temperatura no cambió mucho.

Con todo y eso, en lo que realmente fallé fue en no traer un pantalón de baño para nadar en la catarata. Eso no significa que no me metí, es sólo que tuve que hacerlo en mis calzoncillos rojos semi transparentes, con mis partes colgantes enfocando una luz poco halagadora sobre mí cuando salí del agua fría. Aún así, no puedo negar que fue refrescante poder relajarme en el agua fresca sin tener que usar las piernas por un rato.

Después del baño era hora de la demencia. No hace falta decir que el viaje de vuelta fue una locura horrible. Una locura de esas que duelen, que te dan calambres en las piernas, que ponen tu sangre a hervir, tus ojos a saltar y tu visión borrosa.

Nos tomó más o menos 2 horas llegar a la catarata y ahora debíamos escalar otras 2 horas de vuelta por el mismo camino y aunque yo estaba destruido, Stef y Pauline parecían no tener problemas para subir en lo absoluto.

A medida que la subida se ponía más difícil, el grupo se fue dividiendo naturalmente en pequeñas células de gente con resistencia similar. Stef y Pauline iban a la cabeza con el guía y yo estaba detrás con un grupo de chicas alemanas y una pareja austríaca. Nos detuvimos varias veces a descansar, pero encontramos consuelo en el hecho de que habían al menos dos grupos más detrás de nosotros, incluyendo una pareja con sobrepeso que seguía deteniéndose con frecuencia.

Una vez que la mayoría de nosotros logramos subir, el guía regresó para ver quién se había quedado atrás y tuvimos que esperar unos 20 minutos para ver si volvería con la pareja que se había quedado atrás. De otra forma tendríamos que irnos y los demás serían recogidos con un helicóptero. Nunca subieron.

El golpe de adrenalina del viaje en Batad fue brutal, no sólo porque pensé que me iba a volver loco, pero también porque el sentimiento de logro al regresar a la cima fue espectacular. ¿Que si lo haría de nuevo sin estar en condiciones? TAS LOCO.

Pero fue chévere que lo hice y se sintió muy bien. En aquel entonces solía celebrar el fin de un entrenamiento con una botella de Coca Cola. Hoy en día estoy controlando mi consumo de azucar y trato de evitar la soda, así que quizás la próxima vez que lo intente no terminaré al borde de la muerte.


Este es El Gran Viaje. Donde un panameño divaga por la Tierra en busca de un propósito, aventura y respuestas. Parte de la serie Pateando Calle, encuentra el archivo aquí. Gracias por acompañar.

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