Nueva York • Amigos con Clase

Nueva York • Amigos con Clase

“¿Como así que “sólo es” Nueva York?” es probablemente lo que ella diría, con la excepción de que no usaría un acento italiano/judío. Es Aisha, la chica que me enseñó Nueva York a través de sus lugares favoritos para comer y beber en la gran ciudad.

Cuando dije que me gustaba más visitar a la gente de Nueva York que simplemente visitar Nueva York, me refería a ella.

NoLiTa. LES. SoHo. Times Square. Union Square. The Rock. Caminamos todos estos lugares la primera vez que fui en marzo de 2013 y los lugares que visitamos gradualmente se convirtieron en mi versión personal de una visita neoyorquina. En contraste, nunca he ido al Empire Estate, la Estatua de la Libertad o el Puente de Brooklyn. Dejaré esos para una ocasión en la que viaje y no pueda encontrarme con un buen amigo que me enseñe las otras cosas reales.

Aisha es graduada de la Escuela de Leyes de Nueva York, habiéndose mudado desde California hacia la costa este para estudiar, probablemente le pasó como a mucha gente que ve La Gran Manzana por primera vez y se enamoró del lugar al punto que ahora camina las calles de esa jungla de cemento como si fuera la dueña. ¿Esperar a las luces peatonales para caminar? No hay tiempo pa’ esa vaina.

Durante mi segunda visita, sólo nos vimos un día debido a su itinerario de trabajo. Esta vez llegué a conocer a su novio Mike, también graduado de la escuela de leyes que me pareció un tipo muy cool. Hablando en serio, estos dos son la antítesis de todos los clichés neoyorquinos que he oído. Se toman las cosas con calma, sin apuro, sonriendo a menudo y mostrándole mucha paciencia a un muchacho con muchas preguntas.

En aquel día nos encontramos en la tienda Best Buy de Union Square, ya que Aisha debía ir a una de las tiendas cercanas a cambiar una ropa. Creo que fueron zapatos, pero no puedo recordar. Luego esperamos por Mike y nos fuimos a buscar algo de comer. En el camino, Aisha le explicó a su novio como nos conocimos cuando yo trabajaba en el hostal en Panamá y nos fuimos ese mismo día a la playa en Portobelo, Colón con otros compañeros del hostal. Todos la pasamos bien y desde entonces quedamos en contacto cuando yo iba a visitar Nueva York.

Antes de encontrarnos, Aisha habló de este “lugar” que vende halal, el cual resultó ser un carrito en la calle cerca de Union Square. El halal estaba muy bueno, pero la experiencia fue mejorada por nuestra elección del lugar para comerlo. Fue en un bar gay en la calle cercana. Nos metimos allí y comenzamos a comer a la vez que caímos en cuenta de lo barata que es la cerveza en bares gay de Nueva York. Tómalo como un tip, si alguna vez tienes sed y andas sin plata.

Nueva York • Amigos con Clase

Así que estamos sentados en el bar comiendo y bebiendo, Mike y Aisha sentados de un lado de la mesita de bar y yo del otro, mirando hacia la entrada. Mientras como, le doy un vistazo al lugar de vez en cuando, lo que me hizo pensar que quizás la gente que viene entrando piensa que Aisha nos acompaña a Mike y a mí. Fue raro, pero me pareció gracioso.

En todo caso, aquí fue cuando les conté la historia del sueño del tigre.

El Sueño del Tigre

El halal estaba muy bueno, pero era mucho más de lo que podía comer. Así que en vez de atragantarme, comenzamos a hablar y ponernos al día sobre lo que estaba haciendo y adonde me dirigía, etc. Aisha y Mike escucharon todo el cuento que a estas alturas ya estaba cansándome de repetir.

Pero entonces, comencé a hablarles sobre cómo una de las metas de mi viaje era bañar a un elefante. La razón es que lo vi como un rito de cambio.

En el 2011, cuando estaba trabajando en el hostal en Panamá tuve este sueño que fue tan real que no creo que lo llegaré a olvidar. Fue en el apogeo de mi tiempo trabajando en Luna’s Castle. Me estaba divirtiendo, conociendo gente nueva y emocionante todos los días y en general descubriendo una parte de mí que no sabía que tenía.

Así fue como una noche soñé algo raro, pero asombroso. Increíble quizás. Soñé que estaba follándome un tigre. No sólo follando a un tigre, como teniendo sexo con el animal, pero también dándole palo mientras caía libremente en el aire. Como en caída libre sin paracaídas.

Pero, aguanta. Cómo así.

Tan mal y raro como pueda sonar, relájense y síganme por un minuto. Trataré de redimirme. El tigre que no aparece como macho o hembra en el sueño (fue un sueño, no le metí mente a esos detalles) no gustó de que yo estuviese teniendo sexo con él. Me trató de arañar mientras rugía a la vez que dábamos vueltas entre las nubes. Era algo hermoso y la vez bien fuckup, porque trataba de arrancarme la cara con su garra, pero yo esquivaba y le regresaba un puñetazo a la cara mientras continuaba propinándole demencia.

A estas alturas lo podía ver en la cara de Mike y Aisha. No podían creer lo que acababan de oírme contar. Dicen: “dale, ok” y todos estamos anuentes de que la conversación se fue a un lugar bien dark, que es precisamente la razón por la que me gusta contar esta historia en primer lugar. Así que continúo, buscando la luz al final de este túnel en que nos metí.

Me desperté sudando frío aquella mañana, mi pecho pulsando fuerte. Sintiéndome raro, pero a la vez extrañamente iluminado. Como aquella escena en Boogie Nights, donde ves el sueño con el letrero neón que lee “Dirk Diggler” explotando:

Aquel tipo de iluminación. Aquel tipo sucio, problemático y que dispara egos. Aquel tipo tengo-ácido-por-sangre-y-no-puedo-morir-porque-soy-Danger-Man.

Verán, la forma en que interpreté aquel sueño es que el tigre era el mundo. Y al mundo no le gusta que se lo follen. Al contrario, a pesar de todas las cosas que has logrado y toda la gente buena que conoces, al mundo le vale un carajo y — si lo dejas — te va a joder. No porque sea malo o porque la tenga contra ti personalmente, sino porque todos los demás también estamos tratando de evitar que nos joda, lo cual nos convierte a todos en una manada en estampida, tratando de mantenernos lo más cerca de la delantera posible.

Pero el sueño se había acabado.

Me levanté para caer en cuenta de que, si no trataba de hacer lo que yo quería con mi tiempo, me iba a desesperar y el tigre iba a ganar. Estaría muerto antes de tocar el suelo. Todos estamos cayendo y es sólo cuestión de tiempo, pero tenemos que hacer nuestro mejor esfuerzo pa dale rejo serio a ese tigre antes de morir. Para clasificar en el Salón de la Fama del Tigre Follado, si quieren ponerlo así.

Ese era yo en el 2011. Tenía 26. Ahora, mi vida ha cambiado. Pasé de ser un tipo que iba de fiesta todas las semanas mientras trabajaba a ser un tipo que ha viajado alrededor del mundo y visto cosas mucho más allá de lo que pensé que vería en mi vida. Como si una tormenta pasó y estoy parado frente a la única casa que no fue despedazada y arrastrada por el viento como todo lo demás.

He pasado de ser el follador de tigres a ser el bañador de elefantes. Ahora sólo quería encontrar paz en cuidar —no herir — a una bestia mucho más grande y fuerte que yo. Con la esperanza de encontrarle algún significado a cómo todo me llevó a este momento en el tiempo.

Aisha y Mike probablemente no quedaron convencidos de cómo aterricé esa analogía. Quizás estarán asustados de mi por el resto de mis días, pero entonces quizás también lo estará cualquiera que lea esto y diga “ese muchacho tiene problemas”. En todo caso, mi halal se había enfriado y nuestras cervezas acabado, así que nos fuimos del lugar.

Ladrillos y Sapos

Después de aquello fuimos a la East Village, con sus hermosos edificios de ladrillo y un curioso lugar llamado Big Gay Ice Cream Shop, que fue una locura. Aquí es donde la “magia neoyorquina” comienza a asomarse. He aquí un lugar pintado con arco irises y una figura de acción de She-ra (porque al diablo con He-Man, ¿si o qué?) y la tipa esta montando un unicornio, por supuesto. Tienen un helado llamado El Chulo Salado y fue el mejor helado que me comí en el 2014.

No fue sólo el helado lo que hizo la experiencia memorable. La señora sirviendo los dulces detrás del mostrador podía estar en su mitad de los 40s y notó que yo estaba actuando como el típico extranjero, ojos grandes, asombrado por el diseño del lugar. Como suele suceder, me preguntó de donde era y luego comenzamos esta conversación sobre las “partes viejas de la ciudad” como ella las llamó (“deberías ir a ver Brooklyn. Está cambiando); odiaba los grandes edificios en Manhattan (“todo ese vidrio”).

Luego me dijo que cuando solía vivir más cerca de la East Village, a ella le encantaba escuchar los sonidos que hacían los sapos y grillos en el matorral al lado de su edificio. Me dijo que hoy en día es un sonido que la lleva de vuelta cuando tiene la suerte de escucharlo y que cuando se mudó de la casa de sus padres y el sonido se había ido le costaba conciliar el sueño.

Me encantó hablar con esta señora. Fue una conversación trivial, seguro, pero también fue genuina. Sobre nada en particular. Sólo gente. Me imaginé que si llegase a vivir en Nueva York probablemente habrían muchas de esas conversaciones cada semana.

Tiempo de decir “Hasta luego”

De alguna forma Aisha descubre estos lugares entre su tiempo trabajando y viviendo, para luego compartirlos conmigo cada vez que visito. Nueva York es ese tipo de lugar, donde si eres observador y curioso, siempre estás siguiendo la huella de aquel nuevo lugar que sólo sirve macarrones con queso o aquel otro que sirve pastelillos del tamaño de tu cabeza.

Ver a Aisha y a Mike juntos fue fácilmente la mejor despedida que pude haber deseado para mi aventura. Me hizo sentir esperanza de que sería tan feliz como ellos al regresar. Dijimos nuestras despedidas en el Starbucks de Union Square y me quedé por un rato viendo la plaza, a la vez que robaba wi-fi del lugar con el café super caro. Finalmente decidí caminar y meterme en una tienda Barnes & Noble porque quería ver libros.

Todavía no he visto Central Park o el Toro de Cobre en Bowling, pero sé cómo sabe una pizza de Artichoke’s, conozco un lugar bien cool que vende Oreo’s fritas con azúcar en polvo, y te puedo decir qué línea del metro tomar si vas a 5 Pointz en Long Island o a la Nintendo World Store en Rockefeller Center. La Tienda de LEGO está allí mismo cerca si quieres direcciones.

Si pudiese trabajar y vivir en cualquier parte del mundo, no lo pensaría mucho. Iría a Nueva York. Podría caminar sus calles todo el tiempo y probablemente trataría sólo de disfrutar viendo lugares nuevos y no tener que manejar, y observar todas las cosas que veo mientras espero un tren o veo a través de la ventana de un ascensor.


Este es El Gran Viaje. Donde un panameño divaga por la Tierra en busca de un propósito, aventura y respuestas. Parte de la serie Pateando Calle, encuentra el archivo aquí. Gracias por acompañar.

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