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Nueva York • Partidas/Llegadas

3 de marzo de 2014. 4 a.m. Era un lunes y aunque el sol no había salido ya sabía que sería un día nublado. No soy fan de los relojes despertadores, así que me quedé en vela toda la noche como de costumbre con mi paranoia pre-vuelo. Estuve revisando mis maletas meticulosamente mientras escuchaba canciones de viaje, las cuales compartía en Facebook a medida que las recordaba, por supuesto.

La hora había llegado.

Mi papá estaba algo dormido, pero él siempre se levanta alrededor de las 5 en punto y se va al trabajo una media hora después. Se hizo voluntario para llevarme al Aeropuerto Internacional de Tocumen, donde yo abordaría mi vuelo de Avianca hacia San Salvador, el cual había comprado un par de semanas antes. San Salvador era sólo la primera de dos paradas camino a Nueva York.

Fue una parada cansona de 6 horas en el Aeropuerto Internacional Monseñor Arnulfo Romero alias el aeropuerto en medio de la nada. Al menos tenían un Subway.

Los nervios no comenzaron a aparecer sino hasta que regresé con mi pase de abordar en la mañana. Papá trató de hacer conversación, preguntándome cosas en su forma usual. Más un examinador que una persona genuinamente curiosa. Nos abrazamos y ahora estaba volteando mi cabeza a cada minuto antes del paso de seguridad, para ver si él todavía estaba allí.

Me esperó.

No lo había pensando en el su momento, pero pasarían al menos 8 meses hasta que lo pudiese ver otra vez, mucho menos abrazarlo — o a cualquier otra persona en Panamá, realmente. Uno no piensa sobre eso cuando todavía se está en la fase «controlada» del viaje. Tenía mis maletas y sabía adonde me dirigía. Había estado allí antes.

Se me ocurrió en mi tercera visita a Suiza: por qué no hacer una parada breve antes de reencontrarme con mi guial y explorar una de las ciudades que siempre quise conocer? Siempre es cool visitar Nueva York, pero es aún más chévere visitar a la gente que vive en Nueva York.

Oye, Gente muy Amable en este Vuelo

No puedo recordar nada sobre el vuelo de Panamá a San Salvador. Duró una hora más o menos y quizás al igual que el avión yo también estaba en piloto automático, mi mente pensando que rico sería dormir encima de una de esas nubes afuera de la ventana.

El vuelo de San Salvador a Nueva York fue otra cosa. Me senté en la ventana cerca del ala, que es mi lugar favorito en un avión. A mi lado se sentó una niña acompañada de su padre, y ella comenzó a hacer chistes y hablar casualmente sobre todo lo que veía.

Nueva York • Partidas/Llegadas
Tatiana y Carlos.

Como referencia, todos los vuelos en que he viajado hacia o desde Nueva York usualmente tienen personas interesantes con quien hablar. Más que interesantes, muchas veces son personas más abiertas a conocer extraños. Una vez conocí a este tipo que visitaba Panama y nos llevamos bien hablando sobre superhéroes. Todavía lo tengo en Facebook y a cada rato anda compartiendo cosas interesantes.

Volviendo a la historia la niña había hablado antes, pero se activó de verdad cuando el avión despegó y comenzamos a ascender. Las cosas que comenzó a decir eran muy graciosas y en cierta forma un alivio porque usualmente los niños son muy callados en un avión. Puedes darte cuenta de que todavía tienen fresca la memoria de aquella «charla» que sus padres les dieron antes de abordar.

Ésta no. Comencé a hacer conversación y eventualmente terminé conociendo a Carlos, el padre de la niña que me pareció estaba un poco preocupado de que Tatiana incomodase a alguien en el avión. A mí no. Yo estaba gozando con lo que ella decía.

Carlos y Tatiana estaba visitando familia en Costa Rica, de donde él proviene originalmente. Me dijo que vivía en Queens, Nueva York y así comencé a decir el rollo usual sobre mi trabajo y visitar Nueva York otra vez. Mientras tanto, Tatiana sacó el iPad de su padre y comenzó a jugar Minecraft, un juego que ella dominaba muy bien y que también me explicó indirectamente el por qué de su naturaleza tan abierta y amigable. Me recordó a alguien que solía jugar así con LEGOs hace ya un tiempo atrás.

Nueva York • Partidas/Llegadas

Para cuando aterrizamos, Carlos había ofrecido darme un bote al hostal donde me estaba quedando. Cuando le di la dirección, él inmediatamente supo donde estaba, así que me dijo que sólo debía esperar a que su ex-esposa lo fuese a recoger a él y a Tatiana en el aeropuerto y que después él me llevaría al hostal.

Fue muy curioso como todo salió, porque estaba muy sorprendido de lo amigable que era la relación entre él y su ex. Daba la impresión de que eran muy buenos amigos y hablaron abiertamente sobre su trabajo administrativo en una farmacia y sobre las clases de escuela de Tatiana. Me hizo pensar sobre muchas cosas en mi cabeza porque hasta el sol de hoy no tengo ex-novias con las que hable de esta manera.

Cuando salimos del aeropuerto, el clima estaba muy frío y había estado nevando durante el día. La ex de Carlos llegó a recogerlo y después de una introducción un poco rara, estábamos todos en su sedán camino a la casa de Carlos, donde él vivía con su novia. Me despedí de Tatiana y después que se fue con su mamá, Carlos me llevó en su carro a mi primer hogar adoptivo: el Hotel y Hostal Westway en Queens.

Lo que Quedó

Todo el tiempo que estuvimos en el aeropuerto esperando nuestras maletas,me la pasé jugando con Tatiana y hasta le mandé una grabación a Petra, ya que en aquel entonces todavía intentábamos comunicarnos y estaba tratando de hacerle saber mi progreso en el viaje. Llegar con vida a Nueva York me pareció una buena razón para hacerle saber de mi, aun si no debía hacerlo. Hábitos, supongo.

Cuando Carlos me llevó al lugar, me deseo suerte en mi viaje y me dio su email en caso de que necesitara ayuda en la ciudad. Todavía estoy perplejo por su generosidad y ganas de ayudar a un tipo que conoció apenas por 3 horas en un vuelo. Le di las gracias y estreché su mano antes de bajarme del auto y caminar a la recepción del edificio frente a mí. Lo que pasó después fue… no lo que esperaba.

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Este es El Gran Viaje. Donde un panameño divaga por la Tierra en busca de un propósito, aventura y respuestas. Parte de la serie Pateando Calle, encuentra el archivo aquí. Gracias por acompañar.

Por Luis Landero

Sigue vivo. Creador de Astromono y otros proyectos varios sin terminar. Amante de la mostaza, los pancakes y viajar.

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