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Nueva York • En Los Dormitorios

Después que Carlos dejó a Tatiana con su mamá y me presentó a su novia, me llevó al Westway Hotel & Hostel, que es un complejo de dos edificios justo al lado de la carretera en el Boulevard Astoria, Queens.

Esta es la serie de cuentos cortos sobre lo que pasó cuando me bajé de su carro.

Me metí en el edificio equivocado, pero no tuve forma de saber eso hasta que entré y vi la gran ventanilla separando al recepcionista del resto de la gente en la habitación. Habían dos mujeres blancas como la nieve, cada una agarrando un cochecito con bebés junto con otros tres niños que no podían permanecer quietos en el sillón de espera. Una de las mujeres, la única de la que recuerdo algo, tenía lentes gruesos y un carnaval de horror en los dientes. Hablaba con un acento sureño muy marcado y un ceceo, que se hacía más prominente dado que ella debía gritar todo lo que decía por encima del ruido de los niños.

Vestía un abrigo de invierno rosado, pantalones de correr verdes y zapatillas para correr. Me pareció que no había notado mi presencia, porque se sorprendió cuando el recepcionista le habló a través de su micrófono, pidiéndole que por favor se hiciera a un lado para que él pudiera hablarme.

Toda la escena parecía como algo sacado de un filme de mafiosos de Scorsese. Había un letrero al lado del mostrador con letras rojas que en grande leían: «ESTE VIDRIO ES A PRUEBA DE BALAS» y había un micrófono en el vidrio a través del cual el recepcionista hablaba al presionar un botón. El hombre era un negro alto y fornido, con anillos dorados en cada meñique y un diente de oro por colmillo izquierdo. Eran alrededor de las 10 p.m. y se veía muy cansado, pero fue muy cortez con su voz barítono y cuando le pregunté si ésta era la recepción del hostal, me indicó que cruzara al edifico al otro lado del estacionamiento. Me volteé y allí fue cuando casi perdí el aire de mi voz.

Todo ese tiempo, parado a mi lado en la misma habitación, estaba otro tipo en la recepción. Era otro tipo negro, alto como una pared, vistiendo una camiseta de baloncesto roja. My visión periférica me había fallado espectacularmente y no lo vi parado allí, quizás porque estaba tratando de evadir el contacto visual con todo y todos en la habitación. Cuando me giré para darle las gracias al recepcionista sentí su mirada sobre mí, pero no quise devolverla.

Le di las gracias al hombre detrás de la ventanilla y rápidamente comencé a caminar hasta salir del edificio y soltar un suspiro de alivio ya que no tendría que quedarme ni remotamente cerca de los niños hiperactivos y la mamá gritona. Entré al otro edificio y de inmediato fui recibido por una recepción mucho más acogedora sin vidrio antibalas.

Después de registrarme fui a mi habitación en la planta baja, la llave de la habitación y mi clave de wi-fi en la mano. Al entrar noté que el cuarto tenía una alfombra muy suave y un par de camarotes. A la izquierda de la entrada habían casilleros para guardar cosas personales y a la derecha había otra puerta que daba a un baño con ducha, inodoro y un lavamanos con espejo. Buen toque.

Nueva York • En Los Dormitorios

Me asignaron la cama de arriba en el camarote directamente frente a la entrada, pero mi cama estaba llena de ropa y otras cosas del tipo durmiendo debajo. Aparentemente él se marcharía temprano al día siguiente y estaba usando mi cama como un escritorio para organizar sus cosas. No hablamos mucho después que le dije que yo iba a dormir en la cama de arriba, pero cuando tuvo que levantarse a las 2 a.m. para irse, hizo tanto ruido que me alegré de no conocerlo para poder maldecir su cara con ganas.

Mis Compañeros de Cuarto

A la mañana siguiente conocí a Chris, otro tipo que ya estaba durmiendo cuando llegué a la habitación la noche anterior. Chris es un productor y director de fotografía para filmes y comerciales, entre otras cosas. Me dijo que se había estado quedando en Nueva York por dos semanas, filmando un comercial.

Noté su expresión de curiosidad cuando comencé a sacar mi laptop y tableta para trabajar, así que le conté sobre mi trabajo como diseñador gráfico y él inmediatamente me compartió su portafolio online, y luego me pidió su opinión sobre un nuevo comercial que estaba editando.

Chris se levantaba temprano cada mañana y salía de la habitación antes de las 8. Regresaba después de las 9  de la noche y siempre tenía historias nuevas que contar sobre el día o sobre trabajos que había tenido antes. Antes de irse a dormir, el hombre cubría su camarote con una de las sábanas para tener oscuridad aún con la luz encendida. Me pareció muy gracioso porque este hombre de mediana edad estaba armando su propia mini choza frente a todos. Chris es un hombre de familia y se la pasaba contándonos lo difícil que es trabajar lejos de su esposa, en Philadelphia. Era un man legal.

Nueva York • En Los Dormitorios
La minichoza de Chris.

Sin él en la habitación, estaba prácticamente solo en el lugar y podía tomarme mi tiempo para relajarme y planear mi día o trabajar.

Ese día salí a visitar mis lugares usuales cerca del Centro Rockefeller (la Nintendo World Store y la Tienda de LEGO). Cuando regresé me sorprendí de no ver a nadie en la cama debajo de mí, pero justo una hora después llegó una chica a la habitación y comenzó a poner sus cosas en la cama de abajo.

Su nombre era Sonja y venía de Alemania. Morena, con una figura llena de curvas y una sonrisa grande, parecía estar de buen humor desde el momento en que llegó. Era muy relajada y luego me enteraría de que también puede hablar español y tiene una hermana gemela en su país.

Una Excelente Primera Impresión

Al llegar a la recepción, Sonja pidió una toalla, pero le dieron que se la llevarían a la habitación. Tan pronto como terminamos de presentarnos, ella comenzó a organizar sus cosas en la cama debajo de mi y después empezó a desvestirse para entrar en la ducha.

Me agarró desprevenido la forma relajada en que se comenzó a quitar sus sostén estando yo aún en la habitación, pero iba a la mitad de ponerse un camiseta nueva cuando escuchamos un toque en la puerta. Sonja saltó de la cama en su ropa interior y abrió la puerta para encontrar a un miembro del hostal cargando una toalla doblada.

A todo esto, yo estaba en mi cama trabajando con mi laptop y no pude contener mi risa cuando vi la cara del muchacho. Sus ojos querían brincar de su cara hacia el pecho desbordante de Sonja, que no se quedaba quieto en la camisita que estaba usando. Era una camiseta cortada que le cubría lo suficiente como para no parecer una foto de calendario noventero de Baywatch. Es como algo que la nena se pondría cuando sólo quiere broncearse la parte de abajo de las tetas sin que le cayera sol al resto del poder.

Sonja simplemente sonrió, le dijo gracias y le cerro la puerta en la cara. De manera casual. Luego se volteó y dijo: «le viste la carota?!» con su sonrisa habitual. Supongo que mi risa la distrajo de ver como yo también estaba un poco desconcertado por todas las curvas a la vista, pero después de media hora viéndola caminar con poca ropa, la emoción mayormente se había ido.

Parecía algo fuera de lo común al momento, pero a medida que les voy contando historias verán que esto no es para nada raro y que de hecho, mientras más me movía por Asia, más liberal se iba poniendo la gente cuando caminaba con poca ropa en los dormitorios. Supongo que había olvidado esa parte de cuando trabajé en un hostal.

Un Baile en la Alfombra

La siguiente mañana, Chris salió temprano otra vez y nos dejó a Sonja y a mi en la habitación. Comenzamos a hablar y después de un tiempo la vi mirando por la ventana. Había nevado la noche anterior y al verla sólo adiviné: «estás pensando en tu hermana». Me preguntó como pude saber eso con sólo verla, pero antes que pudiese responder me comenzó a hablar sobre su hermana y de cómo extrañaba a su familia.

Cuando me preguntó cómo comencé mi viaje, le dije sobre mi rollo con Petra y lentamente comencé a caer en cuenta de que no había pensando en una respuesta rápida a esa pregunta. En todo caso sentí la necesidad de decirlo par que, si llegase a surgir algún tipo de tensión, el hecho de haber dicho que pensaba en otra mujer serviría como un auto-bloqueo a cualquier intento de estar cerca de alguien. Funcionó muy bien, a menudo. A mediados de febrero Petra ya me había dicho que estaba viendo a alguien nuevo, pero aún después de un mes cuando comencé a viajar, mi esperanza era que aquello no duraría, así que traté de evitar apegarme a otras.

Nueva York • En Los Dormitorios

Sonja tenía una cicatriz en su pómulo derecho que consiguió en un accidente con una abeja que la picó a ella y a su hermana. Me mostró una foto de ella y me preguntó si sabía bailar. Como muchas de las chicas alemanas que he conocido viajando, a Sonja le gustaba la salsa y la bachata. Así que puse la única canción de bachata que tengo en mi teléfono (y la única que he tenido desde entonces):

La bailamos lentamente, aunque podía ver la chica tenía dificultad relajándose. Por eso de que los dos estábamos en ropa interior.

Después de la canción cada uno fue por su lado y ella se fue primero para caminar el Puente de Brooklyn. Mi plan para ese día también involucraba caminar, pero dentro de la tienda Midtown Comics para luego reunirme con mi amiga Aisha y su novio Mike, para ponernos al día y comer algo chévere.

Los dos días que siguieron resultaron bastante tranquilos. Sonja se iba a reunir con un tipo mayor que había conocido al cual aparentemente le gustaban las fiestas lujosas. Ella me invitó a ir, pero sentí que la ropa que había empacado para mi viaje no iba de la mano con una fiesta formal en Nueva York. Un nuevo muchacho de Francia llamado Grégory entró a la habitación, recién llegado de su vacación en Miami, donde conoció a una chica que lo tenía mal de la cabeza.

Me da la impresión de que, al menos para los hombres, la mejor razón para viajar o para meterse en problemas viajando por el mundo comienzo con una mujer. Me hace pensar si lo mismo sucede con las mujeres. Tres hombres y una mujer en la misma habitación, ¿y quién anda pensando en el sexo opuesto mientras viaja? Los awevaos namás, parece.

Echando Pa’ Lante

La vez anterior que estuve en Nueva York me quedé en el Q4 Hotel en Queens y no fue remotamente tan eventual como esta ocasión, así que me fui contento de haber conocido gente nueva camino a la gran aventura.

El gran salto hacia Asia estaba llegando rápido y pensé que lo tenía todo bajo control, pero el día de mi vuelo me di cuenta de que no era así. Todavía había un obstáculo que saltar y por poco no logro salir de Nueva York.


Este es El Gran Viaje. Donde un panameño divaga por la Tierra en busca de un propósito, aventura y respuestas. Parte de la serie Pateando Calle, encuentra el archivo aquí. Gracias por acompañar.

Por Luis Landero

Sigue vivo. Creador de Astromono y otros proyectos varios sin terminar. Amante de la mostaza, los pancakes y viajar.

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